Psicología de la Vejez
Ser viejo no es sinónimo de estar enfermo o de estar necesariamente triste, pero
con frecuencia se considera normal un descenso en el estado de ánimo de los
ancianos
El envejecer es un proceso dinámico, gradual, natural e inevitable. Este proceso es impreciso. Nos vamos dando cuenta de él por el reconocimiento de nuestro cuerpo cambiante, del espejo, de la mirada del otro y de la exclusión de la sociedad en la mala interpretación del proceso productivo.
La etapa de la vejez comienza alrededor de los 65 años y se caracteriza por un declive gradual del funcionamiento de todos los sistemas corporales. Por lo general se debe al envejecimiento natural de las células del cuerpo.
A
diferencia de lo que muchos creen, la mayoría de las personas de la tercera
edad conservan un grado importante de sus capacidades, tanto
físicas como
mentales, cognitivas y psíquicas.
También es cierto que la vejez es una etapa caracterizada por la multiplicidad
de perdidas y la elaboración de duelos que acontecen esas perdidas.
El sujeto que envejece va perdiendo interés vital por los objetivos y actividades que le posibilitan una interacción social produciéndose una apatía emocional sobre los otros, y al mismo tiempo, el sujeto se encierra en sus propios problemas.
Los trastornos en la vejez que pueden necesitar intervenciones psicológicas se relacionan con: la demencia, la ansiedad, la depresión, el intento suicida, el estado confusional, los estados paranoides y los trastornos del sueño.
La vejez es una etapa donde lo característico son las pérdidas y la elaboración de duelos subsiguientes a las mismas. El modo y la manera de resolver esas crisis van a ser decisivos para la estabilidad emocional ulterior.
Desde
ABpsicólogos se apuesta por devolverle al anciano en la medida de lo posible
su capacidad de decisión, de poder crear
un proyecto
de vida, y de
aumentar su autonomía.
De las múltiples patologías que afectan a la población anciana, la depresión constituye un importante problema de salud mental por su mayor gravedad, elevado riesgo de suicidio y la influencia que esta tiene sobre otras patologías orgánicas agravándolas.
Desde el punto de vista cuantitativo, se estima que el 12% de los sujetos de más de 65 años atendidos en los centros de salud presenta un episodio depresivo mayor que cumple con los criterios diagnósticos de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-III-R), mientras que el 20% muestra síntomas depresivos que merman substancialmente la calidad de vida y facilitan el desarrollo de un cuadro depresivo más grave.
Las depresiones de la tercera edad obedecen a los mismos factores etiopatogénicos neuroquímicos, genéticos y psicosociales) que condicionan los trastornos el humor en otros grupos de edad. Sin embargo, ofrecen matices específicos, con un mayor peso de los precipitantes psicosociales y somáticos.
Entre los acontecimientos vitales desencadenantes se considera el
duelo, un determinante primordial de las depresiones en la ancianidad. Es
este el periodo vital, donde ocurren importantes pérdidas de seres queridos:
la propia pareja, los hermanos y amigos.
Otros factores psicosociales depresógenos frecuentes en esta edad, son la
jubilación que puede implicar pérdidas de índole económica, privación de
status social y prestigio, rechazo familiar y economía precaria. También
adquieren gran importancia el impacto psicológico de los trastornos somáticos
invalidantes, las enfermedades propias o del círculo de familiares más próximos.
Se dispone de amplias referencias de la importancia de los desencadenantes
somáticos en la depresión de la tercera edad.
Entre los precipitantes somáticos se encuentran las infecciones agudas,
neoplasias, enfermedades neurológicas (enfermedad de Parkinson, demencia
de Alzheimer), accidentes cerebrovasculares, el infarto de miocardio, así
como fármacos o tratamientos utilizados en ellas.
El encuentro psicológico desde la perspectiva, de la psicología de la vejez
es un hecho significativo en la vida de la persona mayor porque tiene que
vencer ciertos prejuicios para llegar a esta instancia por sus propios medios.
De esta manera, la persona mayor llega para ser escuchada, en este espacio
se va a construir “algo” desde el momento en que la persona, da ese paso
de recurrir al psicólogo.
La demencia no es una enfermedad específica. Es un término descriptivo para una
colección de síntomas que pueden ser el resultado de varios trastornos que
afectan al cerebro. Las personas que tienen demencia tienen un significativo
impedimento en el funcionamiento intelectual, que interfiere con sus actividades
normales y sus relaciones personales. También pierden la capacidad para resolver
problemas y para mantener el control emocional, y pueden tener cambios de
personalidad y problemas de conducta, tales como agitación, delirio y alucinaciones.
Si bien la pérdida de memoria es un síntoma común de la demencia, la pérdida
de memoria por si misma no significa que una persona tenga demencia. Los
médicos diagnostican demencia solamente si dos o más funciones cerebrales
– tales como la memoria, la capacidad para hablar, la percepción, o habilidades
cognitivas incluyendo el razonamiento y el juicio – están significativamente
deteriorados sin pérdida de conciencia.
Hay muchos trastornos que causan demencia. Algunos, tales como la enfermedad
de Alzheimer, conducen a una pérdida progresiva de funciones mentales. Pero,
otros tipos de demencia pueden ser detenidos o revertidos con un tratamiento
apropiado.
Con la enfermedad de Alzheimer y muchos otros tipos de demencia, los procesos
de la enfermedad hacen que muchas células nerviosas dejen de funcionar, pierdan
sus conexiones con otras neuronas, y mueran. En contraste, el proceso normal
del envejecimiento no tiene como resultado la pérdida de un gran número de
neuronas en el cerebro.
Confusión es la incapacidad para pensar con claridad y rapidez ordinarias, más cierto grado de falta de atención y desorientación.
¿De que hablamos?
Entendemos por paciente confuso aquel que ha perdido la capacidad
para desarrollar un pensamiento claro y coherente. Esta situación se encuadra
habitualmente en el contexto de un trastorno orgánico (procesos físicos),
aunque también puede aparecer en procesos psíquicos, como los procesos psicóticos
y acompañando a emociones intensas en trastornos neuróticos.
El SCA (sindrome confusional agudo), es un trastorno mental que se caracteriza
por una disminución del nivel de conciencia, de la atención y de funciones
cognitivas que se instaura de forma aguda o subaguda, tiene un curso fluctuante
y su origen está en una enfermedad orgánica o en los efectos de alguna sustancia
o tóxico.
¿Qué entendemos por Paranoia?
Con frecuencia se utiliza de manera informal el término paranoia con varias
acepciones diferentes y no siempre coincidentes. Cuando se dice "estoy
cogiendo una paranoia" se puede estar queriendo expresar cosas distintas: "estoy cogiendo un enfado, una manía,... o simplemente un miedo ante un examen". De la misma manera cuando se acusa a otro, en un tono unas veces irónico y
otras irritado: "¡eres un paranoico!" se puede estar queriendo decir cosas distintas sobre esa persona. Desde llamarle
desconfiado hasta obsesivo, podemos querer decir que es avaro, receloso,
precavido o simplemente insinuamos que tiene mal carácter y nos "cae" mal. El sentido, por tanto, que muchas veces damos a la palabra paranoia va
a depender de nuestra particular interpretación del término y de la situación
en la que nos encontremos en ese momento, inclusive de nuestro estado de
ánimo. Sin embargo la paranoia tiene un significado muy concreto en Psicología,
que no siempre coincide con el nuestro.
Vamos a intentar acercarnos un poco a este concepto médico de paranoia y
a diferenciar el manejo informal o popular que hacemos del término, y que
podemos seguir haciendo, de lo que es una verdadera enfermedad mental que,
sin ser de las mas frecuentes, tiene una incidencia poblacional significativa.
¿Qué es en realidad la Paranoia? Definición
En la Clasificación Internacional de Enfermedades, en su apartado psiquiátrico,
se sitúa la Paranoia entre los llamados Trastornos de ideas delirantes.
Son trastornos psicóticos, esto es, enfermedades parecidas a la Esquizofrenia
pero diferentes de ella, en las que se produce un quiebro de la realidad
y el enfermo crea una nueva dentro de su mente.
La Paranoia y los demás
Trastornos de ideas delirantes, como su propio nombre indica, se caracterizan
principalmente por la presencia de delirio o ideas
delirantes, que pueden definirse como falsas creencias de diferentes temáticas
o contenidos (existen delirios de perjuicio, de grandeza, de enfermedad,
de seducción, de ruina... y de muchos mas temas) que se basan en una incorrecta
valoración de la realidad exterior. Es característico que las creencias delirantes
se mantengan firmes y no sea posible rebatirlas con una argumentación lógica,
por ejemplo el caso de un delirio de filiación, en el que la persona delirante
esta convencida de ser hija del rey de Marruecos, por ejemplo, a pesar de
toda clarísima evidencia en contra o en una megalomanía o delirio de grandeza
autoproclamarse, con certeza rotunda, elegido de Dios y capaz de prodigios
extraordinarios. Estas ideas, evidentemente, no son compartidas por el medio
sociocultural de la persona que las presenta, ni se explican por creencias
religiosas.
Algunas veces se trata de una idea única y otras de complejísimos entramados
delirantes.
En el caso concreto de la Paranoia la temática del delirio es el perjuicio.
Suele ser un delirio bien estructurado en el sentido de que el sujeto que
lo padece se siente victima de las acciones de una persona o de varias personas
o de una institución, cree que actúan en su contra con ánimo de perjudicarlo,
con un entramado argumental comprensible, pero no real, con el que intenta
justificar su delirio. Es el caso, por ejemplo, de un trabajador que a raíz
de un comentario inocente entre dos compañeros de oficina, que interpreta
de forma errónea, empieza progresivamente a recelar, a sentirse perseguido
por la empresa las 24 horas al día, culpándolo, según cree, de algo que no
ha hecho. El paciente paranoico siente que hay cámaras y micrófonos para
vigilarle, aunque no los ve y puede incluir en su delirio a vecinos e incluso
desconfiar de sus propios familiares, en una enorme confabulación que a todas
luces es errónea y patológica, pero que altera toda su forma de vida previa,
pudiendo llegar a presentar claras
alteraciones de conducta y agresividad.
El paciente esta totalmente seguro de la certeza de sus creencias y no se
le puede convencer de su error mediante el razonamiento lógico. Esta es la
base de todo trastorno delirante.


